La lluvia parece de fuego y las ranas del héroe parecen
estar contentas. Invoco al ser que debe estar a mi lado, pero no aparece nada a
mis pies. Me gusta la lluvia, porque ella aparece cada vez que la necesito, cae
sobre mi rostro sombrío y por un momento creo que pertenezco a todos estos
colores e ilusiones vagas que me rodean. Siempre he sentido a mis pies atados a
un lugar distinto al que me rodea, con todo este dolor comunal que nos arrebata
los sueños a diario. Siento las gotas caer sobre el cabello y con ellas vienen
todas las condenas a las cuales no logro aceptar del todo, parecen ser mi invocación,
mi recordatorio, la cuerda que por momentos intento desatar, me recuerdan a
todo y a todos los que se han cruzado en mi camino.
M.H
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