jueves, 18 de julio de 2013

Nieve

Desde mis binoculares se veía una masa de hielo herida por el hombre. Me sorprendía poder ver el fin de la masa de hielo, jamás en los 20 años que había estado contemplando la tumba de frio lo había logrado. Nunca me había sentido tan triste por la vida ajena. Vi al oriente a un oso polar, con su pelaje como la nieve, sus fauces feroces llenas de tristeza y de hambre, a sus cachorros flaqueando por culpa de nuestra causa. La madre salvaje se encontraba sentada en un risco, en medio de un glaciar sin causa y condenada a la muerte segura. El animal estaba desesperado escarbando desesperada, intentaba conseguir una foca, unas nueces, un pedazo de ballena, un poco de comida para sus cachorros desesperados. Su vista se volvio hacia los lentes que tenia en mis ojos, parecía suplicar. Como suplican los inmigrantes hondureños y salvadoreños en un tope en el suelo mexicano. Me pedía a gritos ayuda para salvar del hambre a sus hijos osos, inertes de la pronta muerte. Sacudí la conciencia e intente con todas mis fuerzas darles un poco de aliento, pues, eso me había inculcado.

M.H  

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